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Homenaje Duna

Gracias Duna

11 abril 2019

Categoría: Smartbrand

Nuestro viaje comienza en 2005 cuando, tras mudarme a vivir solo a Sitges -vivía en un piso con estudiantes en Barcelona-, decido adoptar un perro. En una de las visitas a la perrera de Vilafranca del Penedès, la responsable del centro, mientras me observa dubitativo qué perro elegir, me propone que me fije en una asustadiza perra negra mestiza con manchas blancas en el hocico provocadas por la sarna. Me dice que se llama Duna, que tiene unos 6 meses y que la encontraron con otros dos perros machos vagando por una carretera. Me comenta que los machos tenían microchip y el dueño tuvo que hacerse cargo, pero que Duna no tuvo tanta suerte.

Acepto sin mucha confianza llevarme a Duna durante un fin de semana. Descubro que no sabe qué es una puerta, una escalera, una pelota o cualquier elemento cotidiano de nuestra vida humana. También descubro que tiene poca fuerza en las patas traseras derivado de algún problema de nacimiento. Por el contrario, aprende rápido, es tierna y divertida. Rápidamente mis dudas desaparecen y comenzamos nuestro viaje.

Los primeros años son duros para Duna porque solo puedo pasar unas pocas horas diurnas con ella por trabajo. Afortunadamente tenía una terraza desde la que ella se entretenía con el movimiento de la calle; es más, diría que le encantaba fisgonear.

Tras tres años en aquel piso cerca de la Platja de Sant Sebastiá, nos mudamos a Sant Pere de Ribes. Duna se adapta perfectamente. Hacemos nuevos amigos y conocemos nuevas rutas para pasear. Todo marcha bien hasta que decidimos acoger durante un año a un Golden Retriever de dos meses procedente de la Fundación Bocalán para prepararle para su futura vida de perro guía. Duna lo adopta también como suyo, y le tolera todo lo imaginable y más.

En 2009 Duna vive la ampliación de la familia con un cachorro humano, mi primera hija, Matilda. Como consecuencia, Duna cuenta con un poco menos de mi tiempo y de mi dedicación. Pero todo marcha bien.

Al año siguiente se constituye Smartbrand, lo que me exige una aún mayor dedicación al trabajo. Nuevamente, con Duna todo marcha bien.

La siguiente parada en el viaje no es tan agradable ya que supone separarme de mi hija de 2 años con motivo de un divorcio, amigable, pero un divorcio. Duna y yo nos volvemos a mudar a Sitges, primero a un piso pequeño, y poco tiempo después a uno un poco más amplio. Con su ternura y fidelidad, Duna supone un apoyo y una balsa de emociones positivas para Matilda y para mi. Con más tiempo para ambos, nos ponemos en forma gracias a largas caminatas al amanecer.

Durante los siguientes dos años Duna me acompaña diariamente en tren desde Sitges a la oficina de Smartbrand de Roger de Llúria en Barcelona. Tomo la decisión de llevarla diariamente por no dejarla sola y para confirmar los beneficios que genera compartir espacio de trabajo con animales. Vicente y Enric incluso me echan una mano, y la sacan asiduamente a la calle. Duna se convierte en nuestra Chief Welcome Officer y abre perfil en LinkedIn. Todo marcha bien.

El destino se cruza en mi camino y hace que poco a poco retorne a mi tierra. Hay un baipás, entre que me mudo definitivamente a Bizkaia y sigo en Sitges, que me obliga a pedir a mis padres que se ocupen de Duna. Aceptan generosamente. Duna también.

Durante los últimos 5 años, nuestro viaje ha continuado el mismo camino, pero hemos viajado en vagones separados. Duna ha visto nacer en la distancia a otros tres cachorros humanos, mis hijas Malen, Ane y Lide. Ha visto también cómo abríamos la oficina de Bilbao y crecía el equipo. Y ha vivido cómo lideraba una nueva manada con dos nuevos perros, Troy y Otto. No me lo tiene en cuenta.

Nuestro viaje se detiene cuando hace seis meses Duna comienza a sufrir desmayos esporádicos. Descubrimos que no solo tenía débiles las patas traseras. El corazón le comenzaba a fallar. Han sido meses duros, sobre todo para mi padre, quien ha vivido todos y cada uno de esos síncopes -a veces hasta 12 en un día- que le provocaban fuertes dolores a la perra, y quien la ha cuidado con amor, respeto y ternura, en la misma medida que Duna los profesa. Muchas gracias por todo.

Una vida plena

Duna ha viajado en coche, tren, MRW y avión. Ha vivido en Sitges, Sant Pere de Ribes, Algorta y Berango. Ha visitado numerosas ciudades de España, Francia e Italia. Ha nadado en el Mar Mediterráneo, Mar Cantábrico, ríos Duero y Tormes, y diversos riachuelos y lagos de los Pirineos.

Sé que ha tenido una vida plena, que ha sido muy querida y que nos ha regalado muchos buenos momentos, pero aún así, hoy, tras tomar la decisión de practicarle la eutanasia, y siendo consciente que es lo mejor para ella, no puedo evitar sentir una profunda tristeza, por ella y por mí. Su marcha conlleva perder a mi compañera de viaje durante los últimos 14 años, y con ella, se va un poco de mí.

Hoy ya nada marcha bien.

Gracias Duna. Te queremos.

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Gracias Duna